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1- Rutinas Octubre 18, 2006

Posted by Maz in Fanzone, Recuerdos de dolor.
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Primer capítulo de “Recuerdos de dolor”. Espero que sea de vuestro agrado.
Tal vez deba especificar un par de cosas. La primera parte es narrada por un narrador que, practicamente te susurra lo que ocurre a la oreja, además de que todo lo que piense Zero estará entre comillas (no puede hablar hasta el final, ya sabreis porqué); el resto del capítlo está contado por un narrador común y corriente.

En los primeros párrafos aparecen personajes que, por ahora, no serán reveladas sus identidades hasta más adelante, pero aquellos bastante avezados en la saga Clásica sabrán de quienes se tratan, excepto Colonel, que se trataba del hermano de Iris (imagen en la presentación de la historia), un alto mando del ejercito Repliforce contra el cual Zero se vió obligado a matarlo, porque se les tachó de Mavericks y ellos negaron a culpa (claro, luego normal que ocurriera lo de Iris). También aparece Alia (imagen también en la presentación) una Reploid que navega a X y Zero en sus misiones (es decir, les procura asistencia técnica y logística), además de ser una científica muy dotada y además, que no es nada fea, la chiquilla =3

Nada más, espero sus comentarios =)

No importa cúanto haya avanzado la tecnología, nunca serás capaz de penetrar en el corazón humano.
HIDEO KOJIMA, Metal Gear Solid

Te encuentras en medio de un bosque. La espesura te impide ver lo que se encuentra en el horizonte, pero empiezas a andar y no pasan más que unos minutos hasta que llegas al linde del bosque. Enfrente, a varios kilómetros se encuentra una gran ciudad, y un poco más cerca, en un pequeño parque,unos niños jugando, y entre ellos, ella…

Iris…

Aceleras el paso, y sonríes. Pero entonces lo ves: el Arma Final, la gigantesca estación espacial, cayendo en picado sobre la ciudad. Nadie se da cuenta, empiezas a corrrer, y ella te ve. Sonríe, está feliz.

“No… Iris…”

Se dirige a tí, seguida de los niños, también felices

-Zero… Estás aquí…

“Detrás tuya… Corre…”

-Soy tan feliz…

Te das cuenta: no te escucha. Ni siquiera alcanzas a decir palabra por la boca. Lo piensas, pero no puedes hablar.

-Estaremos juntos para siempre…

“No puedo hablar… no me escucha…”

Es demasiado tarde. El Arma Final impacta sobre la ciudad, envolviendo a esta en una gran explosión de fuego. Algo brilla. Se acerca a toda velocidad, más rápido que la propia onda expansiva. Es tu sable, y te das cuenta de que no lo llevabas a la espalda. Está volando, y sabes hacia quién. Iris cae de rodillas, con la letal hoja de energía atravesándole el pecho.

-No…

La onda expansiva. Os golpea. A ella la tira de cara al suelo, tú consigues resistir el fuerte empuje, sólo para ver cómo los niños son consumidos por el fuego. Es entonces cuando descubres que sus cabezas han cambiado. Ya no son cabezas de niños, ni siquiera están siendo consumidas por el fuego como el resto de sus cuerpos. Es “él”. Tienen su misma cabeza. El mismo pelo alborotado. El mismo bigote picudo.

-Parece que aún no lo comprendes, jovencito.

Su voz resuena en todo el lugar. Proviene de los niños, y de tu interior.

“Tú… otra vez… quién eres…”

-Empiezas a impacientarme con tanta honestidad y amor. Yo he creado a un demonio, no al protagonista de un romance de caballería.

“Déjame en paz… déjame…”

-Eres como un libro abierto, no tienes secretos para mí. Pero voy a tener que empezar a hacerte daño de verdad; no más técnica Ludovico o derivados, parece que no funcionan contigo.

No sabes de dónde ha salido. Una gran masa oscura con forma de robot te embiste y te golpea en la cara. Notas cómo tu pelo se mueve más de lo normal, y cómo sientes más ligera la cabeza.

-¡No importa cuán poderoso seas! ¡Tu malicia nunca verá la luz!

“Quién eres… Por qué me atacas…”

No pasas mucho rato de pie. Sientes cómo una descarga de energía te pone de rodillas, y sientes la espalda menos pesada.

-¡Asesino! ¡Mataste a mi hermana! ¡Lo pagarás con tu vida!

“No lo entiendo… Yo no he matado a nadie… no soy un asesino…”

Aciertas a mirar al frente y te encuentras a un humanoide. Es un ser tan oscuro como el que te te dio el puñetazo, pero más delgado, más pequeño. Te dispara en el estómago y caes de lado en el suelo. Sabes que tus hombreras han desaparecido.

-¡Bastardo! ¡No dejaré que un marica como tú sea más poderoso que yo!

“Basta… por favor… no más…”

Intentas levantarte, pero justo en el momento en que consigues ponerte de pie, ves a otro muchacho oscuro con un gran escudo. Te embiste y al caer a suelo de nuevo, sientes frío, dolor, magulladuras en tu carne… Sólo al verte el cuerpo comprendes que ya no eres más de metal. Carne, por cada una de las partes de tu cuerpo.

-¡Te deseo la peor estancia posible en el infierno, Zero!

“Por qué… Decidmelo, porqué me hacéis daño…”

Te levantas tembloroso, sin apenas fuerzas para mantenerte. La esplosión ha cesado, observas que la ciudad está en ruinas, el bosque a tu espalda es pasto de las llamas. A tu alrededor, las figuras sombrías que te han golpeado te rodean junto a los niños, formando un círculo. Y en medio, tú, y él.

“No… Coronel… tú no… qué es lo que haces aquí… estás muerto…”

-Me diste una muerte honorable… ¡Ahora morirás como una rata!

Te ataca. Intentas esquivarle, pero no puedes reaccionar a tiempo. Se lanza a por tí y te acuchilla el torso con su espada. Haces un acto reflejo: respiras, pero te ahogas con tu propia sangre. Caes al suelo, tembloroso, y sientes cómo la vida se te escapa. Sólo piensas en escapar, y empiezas a arrastrarte fuera del círculo. Y le escuchas a “él” hablar.

-¿Qué intentas jovencito? ¿Crees que llegarás a algún sitio?

La ves. Ha sobrevivido también. Te ve, y se arrastra hacia tí. Te dirijes a ella. Empiezas a llorar. Tu herida escuece, tienes abiertos los pulmonos, y te ha entrado polvo y tierra.

-Oh, ya veo, está viva… supongo que aún mantienes cierto control…

Cada vez estáis más cerca el uno del otro. Los dos lloráis, solo ella consigue sonreir. Estás horrorizado frente a la idea de perderla de nuevo.

-Dame… la mano… sólo… una última… vez…

“Iris… voy a morir… y tú… no quiero… otra vez no…”

-Tsk Tsk, terminad de una vez. Acabaré llorando de asco.

Iris alarga el brazo hacia tí. Intentas estrechar su mano, quieres atraerla hacia tí, darle un beso, el beso que nunca pudiste darle, el priimer y último beso de vuestras vidas, olvidar el horror de los últimos momentos, y morir por fín, si ese era vuestro destino.

-Zero… yo te…

Hacéis un último intento. Lo conseguís, por fin…

- …amogg!

Un disparo. Conoces bien el sonido, has escuchado decenas de veces el disparo de ese mismo Buster. Miras arriba. X, un gran X formado por sombras le ha disparado a Iris en la espalda. X la ha matado.

“No… por favor, no… esto no puede estar pasando…”

El viejo vuelve a hablar. Sabes lo que quiere. Pero no puedes decir nada con sentido. Te sientes desvanecer.

-No tienes ninguna opción, Zero, ¡él es tu verdadero enemigo! ¡Mátalo! ¡Mátalo y te prometo que el dolor cesará! ¡Serás libre por fin, sólo tienes que matarlo!

“No… a él no… él no… ¡Él no! ¡Déjame!”

-¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡MÁTALO!

-¡Zero! ¡Zero, por favor despierta!

Te despiertas. Sientes sudar por toda tu cabeza mientras ésta se abalanza hacia adelante, golpeándo a alguien que estaba encima tuya. Y te das cuenta: estabas en la cápsula de estasis durmiendo, y Alia, que se sujeta la frente donde le golpeaste, te mira preocupada mientras intentas recobrar el aliento.

-Ah… ah… ah… Alia… ¿Qué pasa?…. ¿Qué ocurre?

-Santo cielo, Zero ¡Tu cápsula ha estado registrando toda la noche una actividad cerebral que se salía de las tablas! ¡Has tenido una pesadilla de aúpa…! Casi pensé que te ibamos a perder por algún trauma robopsicológico… Venga, levántate, hay problemas dirigiéndose a ciudad Abel…

Alia se va, mientras te deja desperezarte. Pero eso no es necesario. Nada importa. Un día de batallas; una noche de pesadillas. Una continua rutina.

**************************************************************************************

-¡Fuego!

La unidad 17 no dudó ni un solo segundo. Alineados en la entrada de la autopista que se dirigía a la ciudad, un gran ejército de Maverick Hunters dispararon sus rifles y fusiles contra la oleada de Reploids que, asomándose desde los lindes del bosque cercano, se les avecinaba a pocos segundos: leñadores, guardabosques, equipos de rescate, todos ellos caidos en la locura Mavericks, fueron acribillados hasta morir.

Algunos oficiales de los distintos pelotones se acercaron a su superior; pequeñas hombreras, gruesos guardabrazos, grandes botas, y un pectoral con placas grises, un casco ligeramente picudo en la frente, donde llevaba un cristal carmesí. Toda esa armadura era de color azul, y no solo eran partes de una armadura, era su cuerpo: X, comandante de la unidad 17 de los Hunter y antecesor de los Reploids: mientras observaba el lugar de descanso de los cadáveres, mostraba una cara jovial de un chico de apenas dieciséis años, con una expresión relajada a la vez que expectante.

-¿Ocurre algo, muchachos?

-Señor, es ya la sexta oleada, nuestras municiones se agotan -exclamó uno de los capitanes más inexpertos-, ¿es que las unidades 0 y 9 no piensan hacer nada?

-Claro que sí, solo están esperando a que estemos en una situación crítica… Ahora, vuelvan a sus puestos, el último grupo de Mavericks está por llegar.

Tanto veteranos como recién ensamblados, los oficiales acabaron volviendo con sus respectivos pelotones comentando si la unidad 17 había caído tan bajo como para ser quien se ocupaba del trabajo duro, y a X no le extrañaba. Su amigo siempre había hecho lo mismo en situaciones así, y además, tenía aún la suficiente autoridad como para dar órdenes a otras unidades si lo precisaba oportuno. Al fin y al cabo, no había otro Hunter con un rango más alto que Zero…

Conectó el transmisor implantado en su casco y contactó con Alia, la navegadora que tanto él como Zero compartían en las misiones.

-Alia, esto está ya en calma. Me dirijo a supervisar a las otras unidades.

-Recibido. Ten cuidado, tal vez el satélite haya pasado por alto algún grupo de Mavericks. Corto.

X ordenó a su capitan adjunto anunciar un descanso a la unidad y se dirigió hacia una motocicleta Land Chaser cercana.

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Ni un solo chasquido de hojas. Él y sus chicos, unos veinte Reploids, se habían camuflado perfectamente entre la maleza de los árboles que la unidad 9 les había señalado, y aunque la unidad 0 carecía de la habilidad de campo de aquellos exploradores, los dos batallones eran expertos a su vez en pasar desapercibidos.

Desde su escondite en la copa de un abeto, su navegadora contactó con él.

-Zero, ¿me recibes?

-Alto y claro, ¿noticias?

-Batidores de la unidad 9 advierten que el enemigo llegará en tres minutos.

-Recibido Alia, diles que seguimos con el plan. Dejo abierto el canal, corto.

Tres minutos… eran rápidos, ya que se movían en su terreno, pero era tan solo una turba, un gigante con pies de barro, y ellos, un ejército de termitas soldados dispuestas a usar ese barro para su nido.

No tenían ninguna posibilidad…

Los Maverick llegaron puntuales; armados con hachas, machetes y mini-busters para guerrillas, se acercaban enloquecidos hacia la arboleda en que se encontraban.

Zero conectó su transmisor para que todos le oyeran. Los Mavericks estaban a unos pasos de encontrarse justo debajo suyo.

-¡Ataquen!

Ninguno supo de dónde venían los disparos. Los exploradores abrían fuego desde sus escondites en árboles y hoyos camuflados en el suelo, y cuando dejaron de escupir fuego los rifles, un grupo de Reploids comenzaron a saltar de las copas de los árboles con sus espadas de energía en picado, atravesando desde la cabeza a la pelvis a cualquier Maverick que encontraran en su caída, para después comenzar a luchar cuerpo a cuerpo contra el rabioso enemigo.

Zero había “cazado” ya a alrededor de quince Mavericks cuando se percató de que un gigantesco Reploid humanoide armado con un hacha se dirigía hacia uno de los exploradores que esse encontraba tras un arbusto; este, en vez de contraatacar con su arma, comenzó a retroceder, hacia un árbol cercano; el gigante se fijó en la copa del árbol, donde se encontraban otros dos exploradores. La comparación no podía ser más fácil, pensó Zero: dos contra uno. El gigante se dirigió hacia el árbol y empezó a talarlo, haciendo peligrar a sus ocupantes; y por su tamaño de elefante, parecía ser un modelo ideado para la tala de árboles especialmente gruesos y grandes como secuoyas o bao-babs, y ese árbol no sería ni un aperitivo para él. Para empeorarlo, el explorador que se había librado del combate con un oponente tan grande, pareció no ocurrírsele el motivo de que empezara a usar su hacha contra un árbol.

Zero activó la aceleración auxiliar de sus botas, provocando que sus botas se impulsaran como cohetes desde la planta de los pies y se dirigió hacia el peligroso titán, desactivando su sable de energía. Comenzó a esquivar a los combatientes que se encontraba por el camino, consciente de que estaba perdiendo el tiempo mientras a aquél árbol apenas le quedaba un par de hachazos más para caer. Realizó un enorme salto sobre el campo de batalla de tal manera que llegó a situarse encima de la arboleda, la cual le tapaba la visión de lo que acontecía en tierra. Al volver a reclamarle la gravedad, posicionó su cuerpo totalmente recto con la cabeza en picado, hechó hacía atrás el brazo con el que agarraba el mango desactivado de su sable, y adelantando el otro por delante de su cabeza, lo convirtió en un buster. Sintió acelerar su caída, comenzó a cargar la energía de su arma y atravesó la espesura de hojas, viendo al Maverick a punto de dar el golpe final al árbol.

Disparó, y la sangre le cegó la vista, pero no importaba; calculó mentalmente la distancia que le separaba del suelo, encendió su sable y golpeó con él aprovechando el exceso de energía expulsada al activarse, a la vez que hacía peso con sus pies y aterrizaba perfectamente en el suelo. En dos segundos desde que despegó del suelo, el silencio se hizo, dejándole oir el estrépido de un gran peso caer al suelo… dos pesos, al escuchar un segundo estruendo mucho más ruidoso.

El buster volvió a ser una mano normal y con los dedos se quitó la sangre de los ojos. La batalla había terminado: el Reploid al que había atacado, tendido en el suelo encharcado en sangre, tenía un gran boquete de un lado a otro en su abdomen, y Zero le había amputado un brazo con el sable, mientras el árbol, a pesar de las graves heridas, no se había caído, para alivio de sus ocupantes. Por otra parte, todos los Mavericks habían sido eliminados, y solo unos pocos Hunters parecían haber caído en el combate.

-Pura rutina… -suspiró mientras contactaba con la base- Alia, aquí Zero, misión cumplida; envía a un equipo a recogernos y dos ambulancias.

-Recibido. X está a punto de llegar, tal vez te traiga de vuelta, un paseo en moto tiene que sentirte bien. Buen trabajo. Corto y cierro.

Zero también cortó su transmisor.

-Si pasamos por alguna piscina, por mí perfecto -pensaba para sí mismo-, porque estoy empapado de sangre hasta las cejas. Buen trabajo, dice… diantres, me hago viejo para esto…

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La joven Reploid se acercó a su superior, insegura de cómo reaccionaría frente a la noticia. Zero, firme y con los brazos cruzados, la captó con la mirada antes de que llegara a una distancia en la que pudieran mantener una conversación.

-¿Y bien, Delia?

Delia procuró olvidar la posición de firme que tanto le habían pedido que practicara desde su instrucción y se limitó a realizar un típico saludo militar, llevándose la mano extendida contra la frente.

-Hemos salidos bien parados, señor; los de la unidad 9 han perdido a un sólo miembro, aunque de nosotros han caído heridos dos, y otro más ha muerto.

-¿Quién?

-Matt Ariola, señor…

El segundo al mando de la unidad 0. Era bien sabido que Zero sólo elegía para ese puesto a personas en quien le era posible confiar; y sabiendo esto, cualquiera esperaría que el líder de la unidad lo lamentara como menos, y Delia, pese a saber de su fría personalidad de lobo solitario, creyó que así sería, pero se veía equivocada. Ese no era el caso del viejo comandante, que apenas reaccionó a la noticia.

-Sólo ha sido uno, Delia. Una sóla muerte -dijo girando su mirada hacia el árbol que momentos antes corría riesgo de caer, con dos Reploids encima-. Pudieron haber sido más, no lo olvides

-No señor…

-Hace un tiempo, poco antes de la guerra de la Repliforce, escuché la historia de la única Reploid que en varios meses fue instruida satisfactoriamente por Flame Falcon, el comandante de nuestras Fuerzas Aéreas… se decía que, habiéndo sido infectada con una simulación del virus Maverick, prefirió suicidarse antes que matar a un humano. ¿Es todo eso cierto?

Un desagradable recuerdo. Delia era capaz de recordar con facilidad el doloroso estremecimiento de su cuerpo al ser alcanzada con el aguijón que contenía el virus, que simuló una reescritura de toda su programación y normas éticas y morales, motivándola a cometer actos homicidas, que sólo se apagó al activarse en la sien su sable de energía para evitar matar a un humano…

-Sí señor… todo fue un montaje de Flame Falcon, pero es todo cierto…

-Entonces -le cortó Zero- comprenderás mejor que nadie cuál es el papel de un soldado, el de un soldado Reploid. Mientras ningún humano sea herido, todos los Reploids podemos irnos al Infierno, si así tiene que ser. Te dejo al mando de la unidad: organiza la retirada al cuartel general, ocúpate de que los heridos sean atendidos, y hazme el favor de buscarme al miembro de la unidad 9 que casi hace que caigan dos de sus compañeros; y encargate de que mañana por la mañana pueda decirle unas palabritas en mi despacho, no me importa lo que te diga su jefe de unidad.

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Junto a la linde del bosque, X había dejado aparcada su motocicleta y se había sentado en el suelo, mirando el cielo sobre los árboles, hasta que se percató de la aparición de su amigo. De su armadura roja con zonas blancas, las botas que le cubrían de los pies hasta las rodillas estaban ornamentadas con rayas amarillas y rodilleras blancas; la pelvis era de color blanco, un pectoral pesado con dos orbes de cristal verde en los pectorales, una raya amarilla ornamental alrededor del cuelllo y rendijas de refrigeración en la zona del diafragma; llevaba unas voluminosas hombreras pesadas de color blanco, la de la izquierda ornamentada con la letra Z, que, junto con el casco blanco cubierto de grandes placas laterales rojas y un cristal azul en la frente, le hacían parecer un samurai de los tiempos modernos. En su espalda, cubierta por la extensa coleta rubia que empezaba en la nuca de su casco hasta llegar casi al suelo, se encontraba una mochila blanca en la que portaba el mango de su sable. Con el torso y la cara cubiertos en sangre, Zero se acercaba a él cansado.

-Se te ve descansado, X -dijo el guerrero.

-Es lo que tiene que te manden a defender una ciudad y tienes tiempo de atacar desde lejos…. ¿Te llevo a algún lado?

-Vamos, llévame a mi piso; quiero darme una buena ducha cuanto antes.

-Estás herido…

Zero se miró la raja que X señalaba con la mano. El Reploid leñador podía ser grande y pesado, pero si la ocasión lo requería, también podía ser rápido; se dió cuenta a tiempo del ataque de Zero e intentó golpearle con el hacha. Después, Zero había estado intentando que no se notara la herida con la sangre que le cubría, aunque de todos modos, ser una máquina no le libraba de sentir el dolor físico. Aunque al fin y al cabo, delante de un amigo no tenía necesidad de aguantarse para llevarse la mano a la llaga. Si lo hiciera delante de sus chicos, la imagen de “intocable” que les daba ánimos para luchar caería como una casa de naipes.

-No es nada. Mis sistemas se harán cargo. Sólo tengo que lavar la herida.

X se levantó y le hizo señas a Zero de que le siguiera. Se montaron en la moto, la cual al no llevar ruedas pues levitaba sobre el suelo; X la puso en marcha, y con su compañero sentado detrás suya, tomó rumbo a la ciudad.

-No es propio en tí -comentó X a medida que avanzaban- que te quejes de los restos de la batalla. En otras misiones, por ejemplo, has acabado aún más cubierto de sangre que ahora, y no decías nada al respecto.

-La gente cambia, X…

Y él sabía perfectamente qué había hecho cambiar tanto a Zero.

-Dentro de unos días será el día de Iris…

-Lo sé -contestó Zero-, tengo que ir a comprarle una orla de flores, la última que dejé en su lápida se marchitaron…

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-Dime, ¿cómo progresa tu investigación?

-Lentamente, pero a paso seguro. De los especímenes que me ha proporcionado, muchos son una pérdida de tiempo, pero sus antiguos subalternos han resultado ser óptimos para el proyecto final. Ya tengo teorizadas las fórmulas y los sistemas necesarios. Y calculo que en poco menos de tres meses la tecnología será totalmente fiable…

-Excelente… y dime, ¿qué me cuentas de lo que tú mismo trajiste?

-Ah, sí, tal adquisición me ha ayudado bastante en mis estudios; y sus circuitos mentales albergaban la información que le envié hace unas semanas… es una pena que estén desfasados… ¿los vió?

-Sí, pero me interesarían otro tipo de información: personalidad, datos personales, estatus… ya me comprendes. Envíamelos ahora a mi cuartel general, dedícate a hacer prototipos con sus datos y ya contactaré contigo para comunicarte qué directivas necesitas. Y prepárate, quiero montar un pequeño circo en tus instalaciones…

-¿Algúna razón en particular?

-Un experimento, un simple e inofensivo experimento…

Comentarios»

1. Atila-Sama - Abril 10, 2008

Bueno, la verdad es que comenzè a leer este fanfic desde la primera parte, pues me llamò mucho la atenciòn el tìtulo, y ahora que lo leo me pareciò excelente, bastante emotivo pero eso le agrega ese toque de realismo a los personajes, ademàs de que ciempre he sido fan de Megaman tanto de la X como de la de Bn y la Zero, y no he visto màs capìtulos aparte de este, espero sinceramente que porfavor lo continues.

2. Mazarbul - Abril 11, 2008

Buf, seguir con esto… hace ya tiempo que lo dejé a un lado, más que nada por falta de tiempo. Y me gustaría seguirlo, porque para ser un inmundo fan fic, la idea era buena. Tal vez en un futuro. Y gracias ;)